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El hombre que no podía olvidar

“Más recuerdos tengo yo solo, que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo”

Jorge Luis Borges escribió el relato ‘Funes, el memorioso’, donde imaginaba la historia de un hombre con una memoria prodigiosa, capaz de almacenar millones de recuerdos que no eran simples imágenes visuales, sino que se mezclaban con otros sentidos debido a su sinestesia.

Funes no sólo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado. Aprendía idiomas de una sola lectura y no necesitaba escribir porque lo pensado una sola vez, jamás podría olvidarlo.

A principios del siglo XX, en Rusia, existió una persona como Funes. Un hombre que lo recordaba todo, un hombre que no podía olvidar.

 

El sujeto S.

En Moscú, un joven reportero llamado Solomon Shereshevsky dejaba impresionado al director del periódico para el que trabajaba. En las reuniones matutinas donde se repartían las ordenes del día y se facilitaba importantes datos a los periodistas, tales como nombres, direcciones o teléfonos, Sheresevsky no necesitaba escribir ninguna anotación. Una vez había escuchado la información, era incapaz de borrarla de su mente.

El director del periódico decidió ponerle en contacto con Alexander Luria, un reconocido neurólogo y psicólogo, para que estudiase su inusitado talento; algo que sorprendió a Sheresevksy, pues él pensaba que su memoria no era nada fuera de los común. Para abreviar en sus texto, el neurólogo se refería siempre a él como “S”.

Durante más de 30 años, Luria sometió a “S” a todo tipo de ejercicios mnemotécnicos para analizar su cerebro, una de las mentes más increíbles que la ciencia ha podido estudiar hasta el momento. Probó a mostrarle listas pequeñas de veinte a cincuenta palabras. Y también con listas de cientos de objetos u operaciones matemáticas complejas. Pero el resultado era siempre el mismo: “S” era capaz de repetir sin equivocación todas las palabras. También le propuso leer una lista de cientos de sílabas, muy similares y ordenadas sin sentido alguno. “S” no solo repitió las mismas sin problemas, sino que ocho años más tarde, cuando Luria le pidió que recordase esa lista, enumeró las sílabas con exactitud y, de paso, describió el lugar y la vestimenta que llevaban el día de su aprendizaje.

S. tenía una percepción muy aguda de sinestesia. Los estímulos de sus sentidos, provocaban efectos en otros. Así, todo aquello que veía a través de sus ojos se asociaba con olores, sabores o sensaciones del tacto. El símbolo del 3, el 5 o el 9, no eran solo números para él, ya que tenían textura, peso o sabor.

Afirmaba que veía líneas, manchas o colores cuando escuchaba sonidos. En una ocasión, un investigador le preguntó si sería capaz de encontrar desde allí el camino de vuelta a casa, y “S” le respondío: “¿Cómo podría olvidarlo? Si tengo que pasar por aquella calle que tiene un sabor salado y es muy rugosa. Además produce un sonido muy agudo y penetrante”

Debido a la atención que suscitaba en los demás su memoria, decidió dedicarse a ofrecer espectáculos en tabernas y bares como mnemonista profesional, dónde probaba en directo su capacidad para recordar palabras propuestas por el público. Sin embargo, la hipermnesia o exceso de memoria de “S” no le llevó al éxito. Todo lo contrario.

Le resultaba muy difícil relacionarse. Su memoria provocaba que tuviera grandes dificultades para realizar actividades simples como seguir el hilo de una conversación o tomar decisiones.S. decía que si leía mientras comía, apenas podía comprender lo que estaba leyendo. El sabor de los alimentos ahogaba y se mezclaba con el sentido de las palabras.En sus actuaciones, tenía serios problemas para relacionarse con el público, pues se mezclaban en él todas las voces, olores y luces del ambiente.

Por eso, abandonó los espectáculos y terminó siendo un taxista anónimo más de las calles de Moscú. Un final ordinario para una mente extraordinaria, que como Funes, el memorioso, era incapaz de olvidar.

“Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el alborotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos”

 

*Te recomendamos ver la historia completa haciendo click sobre el vídeo

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